sábado, 19 de enero de 2013
viernes, 18 de enero de 2013
Reto
Lo ocurrido en la India no es
solo una violación, sino un simbólico linchamiento público, un acto de
terrorismo que pretende intimidar a todas aquellas mujeres que se permiten
tener el sueño de mejorar su situación, una advertencia a cualquiera de ellas
que tenga el atrevimiento de querer aprender. En Pakistán una niña fue atacada
por animar a sus compañeras a acudir al colegio; en la India, una joven fue
violada y asesinada por su doble condición de mujer y estudiante. Estos hechos
podrían ser considerados como actos aislados, sin un denominador común, sin
embargo esta explicación es peligrosamente simple, no son accidentes, meras
coincidencias, son acciones premeditadas, la cruel expresión de la clara y
definida intención de ejemplarizar a cualquier mujer que se atreva a desear
tener una vida más allá de la sumisión absoluta a los caprichos de un hombre.
En la India, y en otras muchas
naciones, algo se está moviendo. El progreso económico, guste o no, suele
provocar un cambio en la mentalidad de los individuos, y el silencio que
envuelve los asesinatos de miles de mujeres que tienen lugar cada año en aquel
país, empieza a quebrarse. Las muertes «accidentales» de mujeres (con la
complicidad en forma de indiferencia de las autoridades), la práctica habitual
de quemarlas vivas en sus cocinas por disputas sobre la dote o como forma
rápida de enviudar, genera un rechazo en la sociedad que no solo está siendo
expresado en forma de manifestaciones, sino también contestado de forma cruel y
salvaje.
Quizá hasta hace algunos días
podríamos haber considerado lo ocurrido a la joven india un hecho aislado, pero
la violación y asesinato de otras dos mujeres por un grupo de hombres, debería ser pista
suficiente para indicarnos la naturaleza de esos ataques. Este nuevo acto es un
reto al conjunto de la sociedad, al estado que debe procesar a los delincuentes
y un mensaje intimidatorio dirigido a las mujeres. Es evidente que algunos
tipos temen el cambio y adoran la impunidad. Y de esto último todos somos
responsables, da igual la latitud o la longitud, la violencia contra la mujer,
el desprecio expresado hacia ellas o el convertirlas en simple mercancía, es
una realidad institucionalizada. De nada sirven los lamentos o el rechazo
social si estos salvajes consideran que están llevando a cabo una cruzada para
salvaguardar una forma de vida. Y en esta lógica sus actos deberían ser
considerados como actos de terrorismo, como acciones encaminadas a limitar
derechos individuales, como simples fascistas dispuestos a imponer su voluntad y
el terror con tal de mantener su imperio de violencia sobre las mujeres.
jueves, 10 de enero de 2013
Sostenella y no enmendalla
El
FMI empieza a reconocer (aunque sea con la boca pequeña), que el “austericidio”
es un error. Y lo hacen de una forma un tanto particular, afirmando en uno de
sus informes que sus expertos fueron incapaces de predecir las consecuencias
que tendrían para el empleo las políticas de recorte. Lo que me lleva a pensar
que estos tipos continúan tomándonos por idiotas. El FMI lleva décadas
obligando a aplicar a rajatabla la ortodoxia neoliberal, sin embargo, después
de tantos experimentos fallidos dirigidos por esta institución desde los años
setenta (empezando por Latinoamérica), resulta sorprendente que las
consecuencias de sus recetas les sigan cogiendo por sorpresa. Algo que por otra
parte resulta poco creíble. De hecho para llegar a esa conclusión no es
necesario recurrir a un panel de expertos, basta con consultar las hemerotecas
u ojear cualquier libro, escrito por un economista mínimamente objetivo, para
conocer de forma rápida y sencilla el efecto que las políticas de recorte tienen
sobre el empleo y la economía (la literatura al respecto es abundante).
Tanta
ignorancia sobrevenida y lamento sin ánimo de enmienda, resultan sospechosos,
especialmente porque hasta donde yo sé, aún no han recomendado a Grecia o
Portugal (por citar dos ejemplos muy cercanos), sustituir las políticas
económicas de austeridad por otras de carácter expansivo. Así que toda esta
pantomima puede estar motivada porque la crisis de la deuda esta teniendo la
imprevista consecuencia de deslegitimar a autoridades y organismos que están
mostrando un celo en la aplicación de unas medidas que imponen sacrificios
desproporcionados e injustos a los ciudadanos, cuando nunca lo mostraron, ni
antes ni después, con los causantes del desastre. Parece como si los artífices
ideológicos del drama y quienes dieron cobertura técnica en forma de teorías
económicas esculpidas en piedra, empiezan a ser conscientes de la necesidad no
de cambiar de rumbo en las políticas, pero sí al menos de fingir congoja. Pero
para que su “mea culpa” resulte creíble, tendrían que ocurrir dos cosas: una
que alguien dimitiera, y dos, que empezarán a interpretar la economía como un
ejercicio de democracia e igualdad. Y lamentablemente, en este sentido, andan
bastante escasos de talento y más aún de intenciones.
Curiosamente no es el FMI el único que parece
preocupado por las consecuencias de sus recetas y el efecto que pueden tener en
la opinión pública. Importantes escuelas de negocio, tras años de predicar
entre ejecutivos y directivos las bondades del neoliberalismo, de los despidos
preventivos o de las privatizaciones, parecen desconcertadas por el impacto que
tiene en la actividad económica la aplicación de sus teorías. Aunque en este
caso son más sutiles u obstinadas, ya que achacan las consecuencias negativas a
la velocidad con la que se aplican y no, y me encanta poder decir esto, a su
demostrada ineficiencia (en términos de interés general). En el fondo de lo que
se trata es de “sostenella y no enmendalla”, de continuar manteniendo, contra
toda evidencia empírica, una ortodoxia desprestigiada y canalla, que solo se
sostiene por el empecinamiento de quienes la predicaron y la codicia de los
pocos que se benefician de ella.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Odio los lunes
Hay un hecho que en nuestro entorno social es habitual, y es que el arma más peligrosa que podríamos encontrar en el bolso de nuestras madres, sería una lima para las uñas. Lo verdaderamente absurdo, por mucho que lo permita una constitución, es que tu madre además de afecto y cariño, te provea de un completo arsenal. Las razones que pueden llevar a una persona a convertir su casa en un polvorín, mezclando armas y desequilibrados, es para la mayoría de nosotros un misterio, que solo se explica en un contexto de absoluta indiferencia, desconocimiento o negación de lo que se cuece entre las paredes de tu hogar.
Estoy convencido de que esa estupidez supina es consecuencia de una doble banalidad. Por una parte la de permitir que las armas se conviertan en artefactos tan cotidianos como un televisor. Y por la otra, la de una sociedad envilecida en la que el sufrimiento o la muerte de un semejante queda casi siempre reducido a impersonales y lejanas decisiones tomadas en despachos por gente, que tras condenar a muerte a miles de personas mediante intermediarios, regresan a sus casas, se sientan a la mesa con toda su familia y dan gracias al Señor por los alimentos que van a recibir. No es sorprendente que esos tipos experimenten la existencia como una constante amenaza, ni tampoco que quienes dividen el mundo entre buenos y malos, blanco o negro, sientan la necesidad de dormir con una pistola bajo la almohada. Claro está que quizá después de pasarte la vida sermoneando a tu familia sobre el Álamo, el Apocalipsis o el final de la supremacía blanca, no debería ser extraño que alguno de los tuyos, llevado por el entusiasmo o por la enfermedad mental, decida hacer una salida para ajustar las cuentas a cualquier judío, masón, librepensador o ciudadano con el que se cruce, y ya puestos a realizar un ataque preventivo que mejor objetivo que una guardería (el mal hay que arrancarlo de raíz).
De nuevo en ese país tan extraño y cada vez más lejano, llamado EEUU se abre el debate sobre la posesión de armas (y van...), un debate, que como todos los anteriores se acabará diluyendo. Tras la tormenta el armero volverá a sus armas, el pistolero a sus pistolas, el accionista a sus dividendos y las víctimas al olvido. Obviando nuevamente que la única finalidad de un arma es la de matar y que para hacerlo, no hay que tener ningún motivo en especial, es suficiente con que odies los lunes*.
*Brenda Ann Spencer.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
El tiempo se agota... la paciencia también
El
mundo es estupendo cuando tienes una excusa y si ésta incluye un culpable
entonces además es maravilloso. Es una lástima que siempre haya circunstancias
tan irrelevantes, como la realidad, o gente poco dispuesta a participar del
idílico paisaje que la versión oficial pretende construir. Estos políticos que nos gobiernan, se dirigen al resto
de los mortales con el tono que debió utilizar Moisés cuando descendía del Monte
Sinaí, aunque a diferencia de él, que se conformó con romper las tablas contra
el suelo, éstos pretenden hacerlo sobre nuestras cabezas, si nos da por adorar
a ese becerro de oro llamado justicia social o por prestar atención a las
palabras de esos profetas que predican la economía según Keynes.
Si
no somos capaces de entender motu proprio
“que tomar las medidas necesarias, que realizar las reformas estructurales
aceptando los inevitables sacrificios, son pasos imprescindibles para retomar
la senda del crecimiento y volver a crear empleo” ellos nos lo harán
entender a golpe de catecismo neoliberal o de pelota de goma, con preferencias
por éstas últimas, porque de todos es sabido que la letra con sangre entra.
Claro que el devenir de sus intenciones se encuentra con serios problemas que
los están dejando algo desconcertados y en sus balbuceos se nota que empiezan
también a estar superados. El primero de ellos es realizar una
contrarrevolución económica sin contar con un puñetero tanque que meta en
vereda a tanto disidente de la versión oficial. No nos engañemos, las porras
intimidan, pero los tanques acojonan. Segundo hacerla con modos e instrumentos
propios de las últimas décadas del siglo XX, es decir, ignorando completamente
que ahora las fuentes de información son múltiples y su transmisión casi
instantánea (alguna ventaja debería tener eso de la aldea global). Tercero, que
hay varias generaciones, sobradamente preparadas, (puta educación pública), que
no solamente saben protestar, sino también argumentar la protesta con elementos
muchos más consistentes que los perpetrados de forma cotidiana por los voceros
oficiales y espontáneos. Y por último, y no por eso menos importante, sus
fortunas, sus vínculos e intereses compartidos con los poderes financieros, sus
sueldos escandalosos, sus privilegios obscenos a cuenta del contribuyente, su
corrupción que casi parece una conducta genéticamente condicionada o sus
cuentas en Suiza (ahora entendemos porque ponen tan poco interés en perseguir
el fraude fiscal), les restan mucha credibilidad a sus proclamas.
Reconozcamos que esta crisis está poniendo en evidencia a los canallas
que nos dirigen. Que sus intenciones de regalar la sanidad y la educación
pública que tanto dinero y tiempo nos ha costado levantar, solo son una parte
de su perversa ecuación, la otra es crear una democracia censitaria de hecho,
en la que solo puedan ejercer sus derechos quienes tengan dinero para hacerlo.
La única conclusión es que están completa y absolutamente locos, están
apretando demasiado y solo es cuestión de tiempo que su codicia, traducida en
estupidez y torpeza política, acabe contestada por un estallido social de
imprevisibles consecuencias. El tiempo se agota, la paciencia también. Luego se
preguntarán cómo fue posible que un hecho irrelevante encendiera las calles. Eso
señores, se llama revolución, y la Historia nos da muchos ejemplos, y llegados
a ese punto no hay porra ni disparo capaz de detener los acontecimientos. Pero
en fin, son estúpidos, sordos, arrogantes o prepotentes y confían demasiado en
que los ciudadanos no seremos capaces de articular una respuesta ante la
evidente deriva autoritaria de los gobiernos o frente al saqueo de derechos y
libertades.
sábado, 24 de noviembre de 2012
En el portal de Belén
Recuerdo un cuento de Arthur C. Clarke
que leí hace mucho tiempo, no recuerdo el título, en el que descubren un mundo
que había sido habitado por una civilización destruida por una supernova.
Haciendo indagaciones acaban por descubrir que el estallido del sol de ese
sistema, coincide con un evento trascendente en la historia de los seres
humanos. El relato finaliza preguntándose el narrador porqué Dios tuvo que
destruir toda la vida de un planeta para anunciar al hombre la llegada de su
hijo. Este relato quizá demuestre que el actual Papa anda escaso de
originalidad y por supuesto también de sensibilidad. El obispo de Roma, parece
ciertamente vivir en un reino que no es de este mundo, en un universo
distorsionado por la complacencia y distanciado de los problemas reales de los
seres humanos.
Apoyada en
movimientos conservadores, cuando no abiertamente reaccionarios, como los
“kikos” o el Opus Dei, el catolicismo, no así el cristianismo, está mostrando
lo peor de sí mismo, a través de su inquebrantable alianza con el poder
económico y político, en perjuicio de la mayoría. No podemos negar que la
Iglesia Católica desde que se convirtió en la única fuerza capaz de vertebrar
el imperio romano (al menos durante un tiempo) ha jugado en Europa un papel
fundamental en el sostenimiento de sistemas políticos, casi siempre de carácter
represivo y de naturaleza opresiva. Su poder se justifica en la fe de millones
de creyentes, aunque se sustenta en una minoría privilegiada con la que
mantiene un largo y prospero idilio.
Ahora el Papa nos
sale con una interpretación teológica que nos ha dejado pasmados. Si no había
burro ni buey en el portal de Belén, o si María era virgen o no, son cuestiones
de trascendencia capital, especialmente con el panorama que tenemos. Evidentemente
estas conclusiones demuestran la gran talla intelectual de Ratzinger. Seguramente
San Agustín, Santo Tomás de Aquino o incluso Maimónides derramarían lágrimas de
emoción ante tanta grandeza, volviendo a acreditar (por si no estaba claro) que
los conflictos sociales, la depredación económica o el cambio climático tienen
poco interés para una Iglesia añorante de los tiempos en los que la ignorancia
llenaba las iglesias y las desviaciones doctrinales eran tratadas por
inquisidores y demás guardianes de la fe.
Hemos tenido Papas
que han santificado saltándose sus propios procedimientos. Otros que en nombre
de una ortodoxia intransigente han ordenado silencio a voces disidentes y ahora se
atreven a echar a las entrañables figuras del burro y el buey del portal de Belén.
A mí lo que me gustaría saber es cuándo llegará un Papa capaz de expulsar a
todos los mercaderes del Templo de Salomón. Ese sí que sería un gesto digno de
un titular.
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