
Toda esta historia viene a cuento porque hace unos días leí un artículo sobre la experiencia danesa con la flexiseguridad y lo bien que les está funcionando. Decidí concederle unos minutos de reflexión, posiblemente me estaba mostrando excesivamente inflexible respecto a los derechos sociolaborales de los trabajadores. Quizá fuera necesario un replanteamiento de mis posiciones y de mi valoración sobre cómo podría funcionar en nuestro país ese modelo de relaciones laborales. Estaba ya casi convencido de las virtudes de ese buen rollito entre empresarios, trabajadores y Estado, cuando la puñetera literatura me aguó la fiesta. Recordé de repente que los daneses no habían escrito el Lazarillo de Tormes y que la picaresca en nuestro país, no solo forma parte de nuestra tradición literaria, sino que también es un hábito muy arraigado en nuestras relaciones. No quise imaginarme cuál sería el resultado si aplicáramos en nuestro país un acuerdo socio económico fundamentado en la seriedad y la buena fe de las partes.
Especialmente después de leer en la prensa que dos trabajadores, muy distantes geográficamente y en empresas con actividades totalmente diferentes habían sido despedidos por un motivo común, estar enfermos de cáncer. Así que a mí recelo inicial se sumó un cabreo del copón y me dije, a la mierda la autocrítica y que se metan la puñetera flexiseguridad donde les quepa. Porque en este país ni somos daneses, ni civilizados y ya empiezo a dudar si incluso somos seres humanos. Y mira por donde después de eso me siento mucho más aliviado, eso sí, también bastante más triste.
http://www.elpais.com/articulo/servicios/Flexiseguridad/receta/magica/elpepueconeg/20071021elpnegser_10/Tes
http://www.canarias7.es/articulo.cfm?Id=122475
http://www.europapress.es/catalunya/noticia-trabajador-cancer-pulmon-demanda-empresa-20090325175651.html