jueves, 30 de octubre de 2008

Teatro Mercurio en el Aire (1938)

Antes de juzgarles con excesiva severidad debemos recordar que nuestra propia especie ha destruido completa y bárbaramente, no tan sólo especies animales, como las del bisonte y el dido, sino razas humanas. Los tasmanienses, a despecho de su figura humana, fueron enteramente borrados de la existencia en la exterminadora guerra de cincuenta años, que emprendieron los inmigrantes europeos. ¿Somos tan grandes apóstoles de misericordia que tengamos derecho a quejarnos porque los marcianos combatieron con el mismo espíritu?
Herbert G. Wells. La guerra de los mundos.

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