lunes, 21 de julio de 2008

Infancia

Anónimo.
Para mí, la vida dejó de ser lo que me habían prometido en un mes de abril. Recuerdo estar jugando a la comba en la calle y a mi hermana pequeña bajando por el descampado gritando que él había muerto. Sentí que algo se me caía encima, algo muy pesado que no me dejaba moverme y mientras todos nos miraban, la cogí de la mano y subimos a casa llorando.Yo le quería y él a mí también, siempre supe que era su favorita aunque nunca me lo dijera. Por las mañanas me despertaba riendo al sentir su aliento en mi cara, desayunaba rápidamente, y era él quien me llevaba al colegio. A la salida, muchos días nos íbamos a pescar al río, con una vara de avellano con tanza y anzuelo y unas migas de pan, y siempre cogíamos algunos pescados, que luego mi madre se negaba a limpiar.Parece ser que no vio venir el coche, pasó casi media hora tirado en la calle sin que nadie acudiera en su auxilio, sin que nadie lo abrazara y murió solo. A la semana siguiente le dije a mis padres que el próximo perro lo quería de raza. Según mi amiga Belén, así seguro que me duraría más.

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